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  • Padre Alejandro Ortega

CAMINOS DEL CORAZON

El corazón humano es un embrollo; un arduo laberinto de sentimientos, anhelos, amores, miedos, vacíos y sufrimientos que rara vez acertamos a descifrar. Escribe el profeta Jeremías: «el corazón es lo más retorcido; no tiene arreglo: ¿quién lo conoce?» (Jer. 17, 9).

El tiempo que precede la Navidad —el Adviento— enarbola una consigna: “preparar el camino del Señor”. Bien sabe la Iglesia que ese “camino” no es otro que cada corazón humano; ese íntimo y añorado recinto al que Dios quiere entrar para establecer su morada. La milenaria historia de la salvación es el relato de un Dios abriéndose paso paciente y amorosamente para entrar al corazón de cada persona y de cada generación. Pero ese Dios ocupa nuestra colaboración, que el profeta Isaías resume con una triple sugerencia: enderezar senderos, allanar montes y rellenar valles.

Enderezar senderos significa muchas cosas: corregir hábitos de vida, innovar actitudes, cambiar criterios, recuperar el rumbo y, sobre todo, purificar nuestra intención —esa secreta motivación de todo lo que hacemos— para despojarla de la vanidad, la ambición malsana o el “qué dirán”.

La segunda indicación es allanar los montes. Necesitamos bajarle al orgullo, a la indiferencia, al individualismo y a la autosuficiencia para forjar un corazón manso, caritativo y abierto; un corazón más consciente de su capacidad de amor; y, por lo mismo, de su necesidad de Dios y de los demás.

Rellenar los valles significa, en fin, afrontar las tristezas, los desalientos y las desesperanzas convencidos de las innumerables bendiciones que llenan nuestra vida y de que sólo hace falta abrir las compuertas de la fe para que la esperanza colme todos nuestros vados. Porque con Dios todo puede hallarse, todo puede remediarse, todo puede alcanzarse.

Nuestro corazón será todo lo retorcido e incomprensible que se quiera; pero Dios quiere entrar en él y recorrer sus más secretos laberintos, llenar sus vacíos, iluminar sus miedos y aliviar sus sufrimientos. Es la grandeza infinita del misterio que nos disponemos a celebrar en esta Navidad.

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