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  • Padre Alejandro Ortega

EMMANUEL

Emmanuel El evangelista Mateo, citando al profeta Isaías, nos recuerda que el Mesías tiene un nombre preciso, de origen hebreo: “Emmanuel”, que significa “Dios-con-nosotros”.

Terminamos un año de mucho sufrimiento. Quizá, como Gedeón, sentimos la tentación de clamar al cielo: Si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos ha sucedido todo esto? ¿Dónde están los prodigios que nuestros padres nos cuentan cuando dicen que el Señor nos hizo subir desde Egipto? Ahora, sin embargo, el Señor nos ha abandonado y nos ha puesto en manos de... un cruel virus (Cf. Jc 6, 13).

Pero el Señor ha estado y está siempre con nosotros. Quizá el mensaje más valioso de la Navidad es que Dios, desde que asumió nuestra carne en un cuerpo humano, ya nunca nos ha dejado solos. Es el “Dios-con-nosotros”, aunque no nos resuelva la vida. Su obra y su eficacia están en otro nivel. Cristo se hizo hombre para generar no una humanidad ilusoria, “mundana”, señalada por el bienestar terreno; sino una humanidad “cristiana”, en la que cada lágrima, tristeza y dolor tuvieran un significado nuevo. Él se hizo uno de nosotros no para cancelar nuestros sufrimientos sino para sufrirlos con nosotros y darles un valor salvífico. “Dios-con-nosotros” significa que es Él quien agoniza en cada moribundo, quien cae rendido en nuestro agotamiento, quien llora con nosotros al padre o al abuelo que ha partido, quien padece el aislamiento del enfermo confinado, quien lamenta nuestro no poder abrazar a la familia entera en esta Noche Buena, quien pasa hambre y frío en el desposeído, quien siente angustia y miedo en quien afronta un futuro incierto; y es también quien obra el milagro de transformar cada una de esas penas en gracias de salvación eterna.

Quizá en muy pocas ocasiones de la historia humana Jesús ha sido tan “Dios-con-nosotros” como en este año. Por eso, en medio aún de la pandemia, podemos festejar y decir: ¡Feliz Navidad”; porque, sin duda, Dios está con nosotros.

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